Los riesgos de los créditos rápidos

Una de las características principales de los créditos rápidos es el sencillo proceso de solicitud y concesión de los mismos. Precisamente por tratarse de un producto no demasiado restrictivo, resulta fácil dejarse llevar y echar mano de los créditos online ante cualquier situación. A fin de cuentas, una vez que una entidad nos ha dado el visto bueno y hemos cumplido, será difícil que no vuelva a hacerlo a no ser que nuestra situación económica haya cambiado significativamente.  

E incluso si esto sucede, hay montones de opciones en el mercado a las que recurrir, que, en muchos casos, están deseosas de reclutar nuevos clientes.

El problema es cuando se da la circunstancia de que estas empresas no son tan ventajosas como parece a primera vista y a la vez el solicitante tiene una necesidad de efectivo tan urgente que no se preocupa más que de ser aceptado. Cuando esto sucede, suele firmar el acuerdo sin valorar ni estudiar de forma adecuada si las condiciones son las que le convienen o está adquiriendo un producto con un riesgo mayor del que imagina.

Por lo general, las empresas de créditos rápidos suelen ser bastante transparentes en el coste de sus servicios. Muchas, por no decir casi todas, poseen un simulador con el que, introduciendo cantidad y plazo, puede conocerse de manera precisa el coste total que nos supondrá la concesión del crédito.

Pero la clave de todo está en las condiciones del contrato. Por mucho que una empresa promocione sus créditos como muy ventajosos a través de su sitio web, el documento vinculante no es otro que el contrato, y serán los supuestos marcados en él los que determinen tanto el coste como la manera de actuar ante cualquier situación.

Por lo tanto, la mejor manera de evitar riesgos cuando se trata de créditos rápidos es estudiar con detalle las condiciones del contrato.

Si es posible contar con algún tipo de asesoramiento jurídico, mucho mejor, pero incluso aunque no sea así, cualquier persona puede analizar y comparar las condiciones ofrecidas por diferentes empresas y valorar cuáles son más ventajosas y cuáles suponen la asunción de un mayor riesgo.

Qué aspectos valorar a la hora de estudiar las condiciones del contrato

El contrato de un crédito rápido especifica con detalle cada una de las condiciones y circunstancias que son de aplicación en él.

Normalmente el cliente solicita una cantidad y un plazo de devolución, y la empresa puede contestarle de forma favorable, desfavorable, o proponiéndole una alternativa. Es en este punto donde hay que prestar especial atención, ya que si lo que se propone es alargar el plazo de devolución para, supuestamente, facilitar el pago del crédito, hay que recordar que el total que se termina por desembolsar está directamente relacionado con el periodo del que se dispone del dinero. En otras palabras, a plazos más prolongados, costes más altos.

Puede que una empresa de créditos rápidos crea verdaderamente que nos está ofreciendo una alternativa, pero también cabe la posibilidad de que traten de hacer negocio y engordar sus ganancias. Así que en lo relativo al plazo, mucho cuidado: lo que se presenta como una oportunidad puede terminar por convertirse en un regalo envenenado.

El interés es otro de los puntos a considerar. En ocasiones se aplican tasas de interés fijas, mientras que en otras serán más favorables en función de un menor nivel de riesgo. Pero hay que fijarse siempre en la cifra que se aplica para poder establecer una comparativa entre las distintas ofertas.

Las empresas de créditos rápidas están obligadas por ley a especificar la TAE de cada uno de ellos, y por mucho que hagan hincapié en que no se trata de una referencia válida porque sus créditos son a devolver a 30 días y no a un año, contrastar esa cifra entre unos y otros nos permite tener una referencia inicial de cuál puede ser más ventajoso.

Al margen de estos dos puntos principales, también hay que poner en la balanza todos aquellos detalles que suman o restan en cada oferta. ¿Existen gastos adicionales? ¿Hay penalización por amortización anticipada? ¿Cuál es el coste de pedir una prórroga? ¿Y la recarga por mora?

Si bien estos no son detalles que vayan a resultar necesariamente decisivos sí nos pueden ayudar a decidir entre varios créditos o encender una luz de alarma si se comprueba que alguno de estos apartados está absolutamente fuera de lugar con respecto a cómo opera el mercado.

No hay que olvidar que al estudiar un crédito lo que se pretende es tanto encontrar el que presenta las mejores condiciones como descartar todo aquel que puede llegar a suponer un riesgo.

¿Son los créditos rápidos un producto peligroso?

En la mayor parte de casos no, pero siempre dependerá de lo estipulado en el contrato. Una inmensa mayoría de las empresas que se dedican a esta actividad son honestas y dejan muy claro por adelantado todo lo que el cliente necesita saber. Como es lógico, si el cliente no toma la mínima precaución de leer las condiciones del contrato, o incluso leyéndolas, decide firmarlas porque necesita el dinero a toda costa, puede encontrarse más tarde con sorpresas poco agradables.

Lo habitual es que ninguna empresa seria solicite un aval para la concesión de estos créditos de baja cuantía, aunque sí es más común que si se solicitan cantidades mayores, pueda exigirse alguna garantía hipotecaria.

Ofrecer el coche o la vivienda como garantía en caso de impago ha de ser una decisión muy meditada, consultada con un especialista en derecho, y con muchos números detrás para asegurarse de que se podrá hacer frente al compromiso. De lo contrario, sí que existe un peligro más que real de que un crédito de este tipo se convierta en un negocio ruinoso.

Elegir una empresa de créditos rápidos

Hay suficientes empresas de créditos rápidos de confianza como para no equivocarse. Y aunque también existen unas pocas que no operan de buena fe, no es complicado elegir la correcta si se hace un mínimo trabajo de investigación previo, algo que cuando se trata de dinero, debería llevarse a cabo siempre.

¿Cómo hacerlo? En primer lugar, realizando una primera selección de empresas cuyas condiciones te permitan acceder a sus créditos. De nada sirve investigar sobre una empresa y llegar a la conclusión de que es de confianza si los requisitos que exigen no están a tu alcance.

Así pues, con un primer listado de entidades que, en principio, pueden estar dispuestas a concederte financiación, el siguiente paso es asegurarse de que no hay “zonas grises” que terminen por perjudicar al cliente. Para ello, buscar en internet referencias de clientes de dichas empresas suele ser una buena manera de hacerse una idea bastante aproximada del grado de satisfacción de estos.

Por supuesto siempre puede haber alguna opinión negativa en relación a alguna de ellas, pero eso no debe suponer ninguna señal de alarma si no es una tendencia generalizada. Un caso particular no es indicativo de que una empresa sea de poca confianza, pero varios ya deben hacerte dudar.

Las empresas de créditos rápidos serias y profesionales suelen estar dadas de alta en algún tipo de registro que obliga a garantizar una serie de compromisos de calidad. Estos organismos reguladores se encargan de asegurarse que sus miembros no utilizan prácticas fraudulentas y que cumplen escrupulosamente la legislación relativa a la protección del consumidor.

Que el contrato esté visible desde la página web y esté redactado en un lenguaje comprensible y sin tecnicismos legales es otro punto a favor. Es cierto que no todas lo hacen, ya que en algunos casos aspectos como el tipo de interés se calculan en función del nivel de riesgo asignado al cliente, pero desde luego, quienes apuestan por mecanismos de transparencia como estos son sin duda, empresas que van con la verdad por delante.

Por lo tanto, a modo de resumen se puede concluir que una empresa de créditos rápidos que ofrece las máximas garantías­ reuniría las siguientes características:

  • No solicita avales por cantidades pequeñas de dinero
  • Está registrada en algún tipo de organismo de control
  • Ofrece un tipo de interés en el rango del mercado
  • Redacta el contrato con lenguaje comprensible y sin tecnicismos
  • Sus condiciones pueden consultarse por adelantado
  • Ofrece desde el principio el importe total de los honorarios por su servicio
  • La mayoría de las experiencias de sus clientes han sido satisfactorias

Conclusión

Los créditos rápidos no son un producto más arriesgado que otros productos financieros. Exigen un estudio previo de las condiciones y una actitud responsable por parte de quienes los solicitan, dos requisitos que se suponen dentro de la normalidad cuando se trata de dinero.

Ello no quita que puedan existir empresas con pocos escrúpulos y que busquen aprovecharse de situaciones de necesidad que empujan a actuar de manera precipitada. Pero siguiendo algunas de las indicaciones aquí reseñadas, no es difícil detectarlas y evitar el peligro de una mala experiencia.

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